El diésel pone en jaque a México: 40% del consumo depende de EE. UU. y el huachicol fiscal mueve el 12%

El sueño de la autosuficiencia energética mexicana vuelve a tambalearse. Cerca del 40% del diésel que consume México llega de un solo mercado: Estados Unidos. Y cuando ese suministro se puso en entredicho esta semana, las costuras del sistema de refinación de Pemex quedaron expuestas ante todo el país.

Para contener los precios del combustible, el presidente estadounidense Donald Trump lanzó la semana pasada la amenaza de vetar las exportaciones de diésel. La presión fue tal que este viernes el G7 —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido— acordó liberar 100 millones de barriles de las reservas estratégicas de petróleo y diésel en los próximos cuatro meses. Tras esa decisión, Trump declaró que ya no impondrá la prohibición, pero en México las alertas ya se habían encendido.

Según datos de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, México importó unos 199.000 barriles diarios de diésel estadounidense en junio de este año, un 11% más que en el mismo mes de 2025. Aunque la refinería Dos Bocas entró en operaciones en 2024, el país aún no consigue la ansiada “soberanía energética” en el mercado de combustibles.

El huachicol fiscal mueve el 12% del mercado

Más allá de las importaciones legales, hay un flujo silencioso que preocupa a los expertos. Francisco Barnés de Castro, del Observatorio Ciudadano de la Energía, estima que en junio pasado ingresaron al país unos 103.000 barriles diarios de “huachicol fiscal” de diésel: combustible que cruzó el Río Bravo de forma ilegal, sin pagar impuestos. Esa corriente abastecería alrededor del 12% del mercado nacional mexicano.

El Gobierno de Claudia Sheinbaum renunció al 100% del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y aplicó un estímulo adicional para contener el precio del diésel. La medida, advierten analistas, podría inhibir la importación ilegal del combustible, pero a la vez incentivaría el huachicol tradicional: el robo de diésel directamente de los ductos.

Refinerías diseñadas para un crudo que ya no existe

El problema de fondo es tecnológico. El experto Alejandro Villalobos señala que las refinerías mexicanas fueron diseñadas para trabajar con un tipo de crudo más ligero que el que el país ya no produce. Alimentadas hoy con crudo pesado —incluida Dos Bocas—, se han vuelto más ineficientes: se han convertido en “fábricas de combustóleo”, un producto de valor mínimo, en lugar de producir gasolinas, diésel y turbosina de alto valor.

En agosto, el sistema de refinación nacional produjo más de 316.000 barriles diarios de diésel, un alza de 9,3% respecto al mes previo, con lo que México cubre cerca del 60% de su consumo y el resto llega por importaciones. Dos Bocas lideró con 106.000 barriles diarios, seguida por Cadereyta, en Nuevo León, con poco más de 50.000; las otras cinco refinerías promediaron 31.000 barriles diarios cada una.

Villalobos propone una salida incómoda para el discurso oficial: importar petróleo ligero adecuado para las refinerías, elevar su productividad y producir combustibles de mayor valor, en vez de seguir importando los combustibles ya refinados. “Le metemos más de 25.000 millones de dólares a Dos Bocas y dejamos en la inopia al resto del sistema de refinación”, lamenta.

A mediados del sexenio pasado, el entonces director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, aseguró que a más tardar en 2024 todo el crudo de la empresa se procesaría en México. A un lustro de distancia, con el 40% del consumo de diésel dependiendo de las importaciones estadounidenses, refinerías operando a menos del 70% de su capacidad y el robo de combustibles sin freno, esa promesa sigue lejana.

Fuente: El País

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